Si estáis familiarizados con los vinos de Abadía Retuerta, este titular os resultará un tanto sorprendente porque nuestra gama es bastante más reducida. Pero es que hoy os queremos hablar de todas las experiencias de investigación que realizamos en cada nueva añada: un I+D decisivo que nos permite conocer mejor cómo se comportan nuestras uvas y que nos aporta un aprendizaje fantástico para seguir mejorando los vinos que sí que llegan a vuestras mesas.

“Desde los inicios de la bodega y, sobre todo desde que empezamos a manejar datos, veíamos variaciones importantes en las añadas y la amenaza del cambio climático”, explica nuestro enólogo Ángel Anocíbar.

¿Cómo se prepara una bodega para afrontar los mil y un retos que generan esos elementos incontrolables (sequía, heladas, lluvias torrenciales, olas de calor, granizo, alteraciones del ciclo de la planta…) con los que se tiene que enfrentar cada año?

En Abadía Retuerta mantenemos una línea de investigación constante que, entre otros aspectos, valora qué variedades pueden adaptarse a nuestra finca en un contexto de cambio climático, cómo reaccionamos a las nuevas tendencias y estilos que demanda el mercado, o qué hacemos para contrarrestar los caprichos del clima extremo y a menudo imprevisible del valle del Duero. Algunos de estas experiencias o hallazgos, los que consideramos más interesantes para los aficionados, se dan a conocer a través de la gama limitada de Winemaker’s Collection de la que ya hemos hablado en varias ocasiones en el blog.

¿Qué es lo que tiene entre manos Ángel Anocíbar este año? Pues nada menos que 17 vinos diferentes. Todos se elaboran de la misma manera: se siembra con levaduras propias, fermentan en barricas abiertas (dos barricas por cada experiencia) y se realizan leves remontados. Es un sistema bastante laborioso, pero para nuestro enólogo “da una información muy valiosa porque los patrones de añadas se repiten”. La lista incluye:

Experiencias con variedades. Se llevan haciendo desde hace 15 años. En la finca hay ya 23 cepas distintas y la última en sumarse es la pinot noir. Entre las favoritas de Anocíbar están la graciano, una uva de ciclo largo que cree que puede funcionar muy bien en el Duero y la malbec que además está autorizada en la DO Ribera del Duero y en la indicación VT Castilla y León. “Son uvas a las que no se les dispara el grado y que mantienen la fruta”, señala. Y un pequeño secreto: “La merlot ha pasado de ser una variedad precoz a empezar a adaptarse muy bien desde hace cuatro años, desarrollar un ciclo mucho más largo y dar vinos de mayor calidad”.

Vinos sin sulfuroso. Se hacen desde hace algo más de cinco años y con diferentes variedades: syrah, cabernet o tempranillo (de esta última hay una prueba con dos años en barrica). “El de syrah no se nota que es natural”, dice Ángel. Han hecho pruebas de envejecimiento y evolución en botella, incluso sometiendo los vinos a temperaturas elevadas. Esta experiencia permitiría elaborar sin sulfuroso si en un momento dado se considera que es una demanda importante del mercado.

Vendimias diez días antes de la fecha habitual. Dentro de las actuales tendencias de búsqueda de frescura y grado más bajos, esta experiencia sirve para ver qué habría pasado en las distintas añadas si se hubiera vendimiado antes. El objetivo: ver si es necesario esperar y si se pueden evitar ciertas fases de deshidratación en la búsqueda de la madurez perfecta de las pieles.

Trabajo con raspón. Es otra de las modas en el mercado, muy asociada a las garnachas de Gredos, por ejemplo, o a los vinos de nuevo cuño de Bierzo, Galicia o Priorat. Lo único que se hace es fermentar sin despalillar; esto es, sin retirar la parte leñosa del racimo. En Abadía Retuerta comparamos elaboraciones con y sin raspón en vendimias tempranas y maduras. También nos ayuda a saber qué hacer esos años de clima particularmente frío en los que las uvas no alcanzan la madurez plena.

Comparativa de suelos. Este es un trabajo particularmente interesante. Consiste en realizar siempre vinificaciones esencialmente idénticas cuya única variable es el origen de la uva en los tres tipos de suelos principales que tenemos en la finca:  arena, greda y arcilla. Los resultados los utilizamos para la formación de sumilleres en la Academia del Terruño.

Este año, por primera vez se ha probado a descubar antes de que acabe la fermentación alcohólica; esto es, a retirar las pieles que están en contacto con el mosto. Es una técnica que puede ayudar a evitar los taninos verdes cuando el hollejo no ha madurado bien.

 

No nos hemos podido resistir a preguntarle a Ángel qué es lo más raro que ha hecho hasta ahora. “Las vendimias tipo ice wine [vino de hielo elaborado con uvas congeladas en la planta] o sauternes [con podredumbre noble] en tempranillo, ya que son más propias de vino blanco”, responde sin titubear.

De momento, el aprendizaje que más se ha aplicado en la elaboración de la gama estándar de la bodega tiene que ver con las fechas de vendimia. “Ahora vamos más por la línea de vendimiar antes, de buscar vinos menos alcohólicos, pero que aguantan muy bien el envejecimiento”, cuenta Anocíbar.

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