La reunión de nombres ilustres en el entorno de la carretera N-122 entre Tudela de Duero y Peñafiel no se limita a bodegas de prestigio como Mauro, Abadía Retuerta, Pingus, Vega Sicilia, Finca Villacreces o Arzuaga. Os contamos qué ver y dónde comer a lo largo del recorrido.

El corazón vinícola del valle del Duero vallisoletano son los poco más de 40 kilómetros que discurren de manera paralela al río entre Tudela de Duero y Peñafiel y que han sido bautizados como la “Milla de Oro” por el gran número de bodegas de prestigio que jalonan el recorrido. Pero sería injusto obviar los grandes atractivos culturales del camino, en especial sus interesantes muestras arquitectónicas.

Los monasterios tuvieron un papel clave en la colonización del espacio situado al este de la ciudad de Valladolid a partir del siglo XI. No hay que olvidar que durante un tiempo el Duero ejerció de frontera natural entre los reinos cristianos y musulmanes; de ahí la importancia de repoblar los territorios que se iban sumando a la Reconquista.

Al amparo de estos monasterios se crearon pequeñas granjas y aldeas. El aprovechamiento del agua del río permitió construir presas, acequias y aceñas (molinos de agua) que ayudaron a conformar ese paisaje tan característico de huertas, viñas y frutales alternados con pinares que os acompañarán durante todo el recorrido.

Tudela de Duero. El punto de partida es este pintoresco municipio de algo menos de 9.000 habitantes. Situado a tan solo 15 kilómetros de Valladolid, ocupa un meandro del río y aún conserva restos de sus antiguas murallas. Pertenece a la comarca de Tierra de Pinares (aún se ven muchos en su entorno) y entre sus cultivos además de la vid, destacan los espárragos, un producto de prueba imprescindible en temporada.

Son habituales dentro de la oferta de cocina casera elaborada con productos de la tierra del Mesón 2,39. Este restaurante, que toma el nombre de los últimos dígitos de su número de teléfono, es muy frecuentado por los productores del entorno.  En su carta de vinos están representadas todas las bodegas imprescindibles de la zona.

La ruta monástica empieza aquí con el Priorato de Santa María de Duero o Santa María de las Mamblas. Está a tres kilómetros del centro siguiendo el Camino Real de Aragón o Senda de los Aragoneses, un importante itinerario medieval que conectaba los reinos de Castilla y Aragón y atravesaba la provincia por la orilla derecha del río. Establecido en el siglo X, el Priorato de Santa María del Duero dependía de Santo Domingo de Silos.  El edificio está rodeado de varios yacimientos de distintas épocas desde el 2.000 a.C. hasta la época visigoda. La fachada actual simulando un castillo almenado es de 1893 y la encargó el conde de la Oliva al convertirlo en vivienda particular.

Sardón de Duero. Mucho más pequeña que Tudela (no llega a los 600 habitantes), Sardón se desarrolló a partir de una granja dependiente del monasterio de Santa María de Retuerta que sigue siendo el principal punto de interés de la localidad.

Situada en la orilla izquierda del río, nuestra abadía fue declarada monumento histórico-artístico en 1931 y concienzudamente restaurada y transformada en hotel. Si seguís el blog habitualmente, conoceréis ya los muchos atractivos que ofrece. No es necesario alojarse en ella para visitarla ni para disfrutar de su spa o de su variada oferta gastronómica (incluido el restaurante con 1* Michelin El Refectorio). Muchas de nuestras actividades y experiencias incluyen la visita a la abadía y a la bodega o permiten explorar las abundantes riquezas naturales de la finca.

Quintanilla de Onésimo y Olivares de Duero. El siguiente municipio siguiendo la N-122, Quintanilla de Onésimo, está ya integrado en la DO Ribera del Duero (Tudela y Sardón quedan fuera de sus límites). Aquí arranca el Canal del Duero que se construyó en el siglo XIX para  abastecer de agua a Valladolid. También es la sede de Dominio de Pingus, un discreto edificio de inmaculada fachada blanca sin ninguna placa que haga presagiar que tras sus paredes se elabora el vino más caro de España.

Os recomendamos continuar la ruta hacia Olivares de Duero por el único puente que cruza el río ente Tudela y Peñafiel. Su construcción, lenta y costosa desde que fuera autorizada por los Reyes Católicos, concluyó en 1624. Hubo de reconstruirse en el XVIII tras las fuertes riadas de principios de ese siglo y sufrió varias remodelaciones posteriores.

Valbuena de Duero.  Abandonamos temporalmente la N-122 para seguir por la orilla izquierda del río y adentrarnos rápidamente en Valbuena. El objetivo de la visita, sin embargo, está algo más allá, en la pedanía de San Bernardo, donde se erige el bello monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena. La sobriedad y pureza de líneas de la iglesia y el claustro bajo son un gran ejemplo de la transición del románico al gótico, en contraste con la rica ornamentación del claustro alto erigido en el siglo XVI.

A finales de los años 1990, el arzobispado de Valladolid cedió el monasterio a la Fundación Las Edades del Hombre, centrada en la conservación, protección y difusión del patrimonio de las diócesis católicas en Castilla y León, que estableció allí su sede. Hoy acoge también un hotel balneario que puede convertirse en otra parada para reposar en el camino.

Peñafiel. Para llegar a uno de los municipios más conocidos de la Ribera del Duero se puede seguir por la comarcal 3001 que nos permite pasar por Bodegas Emina y las fincas colindantes de Hacienda Monasterio, Dehesa de los Canónigos (con el aire de una explotación agrícola tradicional) y Viñas del Jaro, o regresar sobre nuestros pasos a Quintanilla de Onésimo y retomar la N-122 para recorrer uno de los tramos míticos de la “Milla de Oro” que discurre entre Viña Mayor, Bodegas Arzuaga, Vega Sicilia o Finca Villacreces.

Situado en lo alto de un cotarro, el castillo de Peñafiel es de visita obligada, no solo por su valor histórico o porque albergue el Museo Provincial del Vino, sino porque ofrece unas fantásticas vistas sobre las riberas del Duero, el Duratón y el Botijas que permiten diferenciar perfectamente las zonas de valle, laderas y de páramo.

A sus pies está Protos, una de las bodegas más antiguas de Ribera del Duero fundada como cooperativa por once viticultores en 1927. Las nuevas instalaciones son obra del arquitecto Richard Rogers. En las faldas del castillo se pueden ver también los respiraderos de las antiguas bodegas subterráneas horadadas en la roca, la mayor parte construidas en el siglo XV.

En Peñafiel encontréis varios restaurantes tradicionales para probar el famoso lechazo de la Ribera. En Asados Mauro y El Corralillo los podéis acompañar además con vinos de Abadía Retuerta.  El Corralillo, por cierto, tiene el encanto de estar ubicado en una antigua bodega subterránea. Cultura, vino y gastronomía van muy de la mano a orillas del Duero.

Cosechando uvas por una buena causa
Vive la vendimia como nunca antes