Ya están en el mercado las nuevas añadas de dos de las excepciones más deliciosas de Abadía Retuerta. Por un lado, la cosecha 2019 de LeDomaine, nuestro blanco en tierra de tintos. Por otro, Pago Garduña 2016, la experiencia de una syrah a orillas del Duero.

 

Aunque muy diferentes, estos dos vinos tienen un punto en común. Las uvas con las que se elaboran se han ido aclimatando progresivamente en una tierra ajena hasta alcanzar una esplendorosa madurez.

 

Un blanco de guarda

 

 

Los vinos blancos siempre han sido una rareza en esta zona del Duero (la región tradicional de cultivo de variedades blancas está río abajo en Rueda). Por eso LeDomaine ocupa un lugar muy especial en el porfolio de Abadía Retuerta.

El ensamblaje se ha consolidado en un 70% de sauvignon blanc y un 30% de verdejo. Las otras variedades blancas que se cultivaban en la finca y que solían formar parte de la mezcla (la godello y la gewürztraminer) tienen ya la suficiente identidad como pasar al capítulo de vinos experimentales Winemaker’s Collection.

El 2019, una añada de sequía y concentración con tendencia a desencadenar graduaciones alcohólicas elevadas, no se lo ha puesto nada fácil a nuestros enólogos. La decisión de la fecha de vendimia ha sido determinante para plantarse en una graduación de 13,5% vol. y conseguir una muy buena acidez natural que realza los sabores. Con su perfil aromático clásico y reconocible (inicio cítrico con fondo floral y de fruta blanca), lo más destacado de esta cosecha es la energía del vino en boca.

Aunque la mayor tentación es descorchar inmediatamente la botella, siempre aconsejamos comprar una segunda (o tercera) para disfrutar de su evolución en el tiempo tal y como recalca la leyenda “Blanco de guarda” en la etiqueta. Hay 25.000 botellas disponibles de esta cosecha 2019.

 

La syrah que mira al norte

 

 

No es exagerado decir que 2016 es una de las mejores cosechas en el histórico de Pago Garduña. Ese año se dio la feliz circunstancia de aunar la calidad con la generosidad de un grano de uva ligeramente más grande que ha ayudado a suavizar los taninos firmes de esta zona del Duero y a crear una textura amable y seductora. Y todo ello sin perder la intensidad característica de este vino.

Hay además una frescura especial que responde a un cúmulo de factores. De entrada, la ubicación de la viña en la ladera norte, la más fría de Abadía Retuerta, y con una exposición este que se beneficia del sol de la mañana, pero evita la insolación directa en las horas más calurosas de la tarde. Son determinantes también las prácticas vitícolas; así, por ejemplo, se evita el deshojado para poder sombrear los racimos y conseguir maduraciones más lentas.

El resultado es una syrah que va dejando atrás las notas de confitura propias del Nuevo Mundo para avanzar hacia un estilo más complejo y especiado en línea con los tintos del Ródano, la gran patria espiritual de la variedad. De esta añada 2016 se han elaborado 4.000 botellas.

 

 

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