El vino puede ser un buen compañero y un gran aliado durante el confinamiento para realzar esos pequeños buenos momentos que pasamos en familia o incluso si estamos solos. El equipo de Abadía Retuerta, incluido nuestro enólogo Ángel Anocíbar, propone unos consejos muy prácticos para disfrutar del vino en casa: qué accesorios hay que tener, cómo servirlo, o los trucos para conservarlo en buenas condiciones si no nos acabamos la botella.

 

¿Qué hago con el vino sobrante?, ¿a qué temperatura sirvo el vino?, ¿cuántas copas necesito?, ¿qué accesorios son imprescindibles en casa? Hemos preparado una pequeña guía para que podáis disfrutar al máximo de todos los vinos que descorchéis estos días. Os adelantamos que lo más importante es elegir bien la copa y servir el vino a una temperatura adecuada.

 

Copas. Es importante que tengan un cierto tamaño, para poder mover bien el vino y disfrutar al máximo de sus aromas. La forma más versátil es la tipo burdeos, con el balón estrechándose ligeramente en los bordes. Otro detalle importante: cuanto más fino sea el cristal, más sutil será la experiencia de la entrada del vino en boca.

Temperatura. No hay excusa posible para no poder planificar con tiempo que el vino que elijamos esté a buena temperatura. ¡Estamos en casa! La guía general, que siempre se debe matizar con los gustos personales, es de unos 6º C para los espumosos aumentando ligeramente para blancos jóvenes y rosados (6-8ºC), blancos y rosados de crianza (9-12ºC), tintos jóvenes (12-14ºC) y tintos con crianza (16-18ºC).

 

¿Cuántos accesorios necesito?

Además de la copa, el más importante es el sacacorchos. Recomendamos el de camarero o “dos tiempos” que permite extraer el corcho en dos fases y de forma progresiva, y es muy fácil de utilizar. Para los vinos de cierta edad se recomienda el sacacorchos de láminas que evita perforar el corcho y, en el caso de vinos muy viejos, el favorito de los aficionados es el Durand que combina láminas y husillo y permite mantener la integridad del corcho durante la extracción.

 

Aunque no son imprescindibles, también ayuda tener siempre a mano un corta cápsulas y láminas antigoteo, que son infalibles para que no se derrame ni una sola gota de vino sobre el mantel.

 

 

Contexto

Aunque con unas limitaciones obvias dentro del confinamiento, la compañía y la atmósfera influyen claramente en el disfrute del vino. No importa si se está solo o en familia, siempre es posible adaptar lo que hay en la copa a la situación en la que uno se encuentre. Os proponemos vinos jóvenes y más ligeros para el aperitivo en la terraza o una comida rápida. Vinos más complejos o con crianza para las comidas especiales con buenas sobremesas. ¿Y por qué no echar mano de un vino dulce o un generoso para relejarse a última hora del día mientras se ve una película, una serie favorita o las historias de Instagram.

 

El vino sobrante

¿Qué hacemos con las botellas que no terminamos? Lo primero es entender, tal y como nos cuenta nuestro enólogo Ángel Anocíbar que “el gran enemigo del vino es el oxígeno: a más exposición, más evolución”.

 

Por eso, ya desde bodega se busca proteger los vinos al máximo mediante prácticas como la reducción en el número de trasiegos, el uso del carbónico que se desprende naturalmente durante la elaboración como elemento protector o el empleo de nitrógeno en las líneas de embotellado para que la presencia de oxígeno en la botella sea mínima.

 

Hay que saber que los vinos jóvenes aguantan más tiempo una vez abiertos porque están más protegidos por el sulfuroso que se añade antes del embotellado. Esta característica se extiende a vinos de reciente aparición en el mercado como semi-crianzas, crianzas y reservas. Con los vinos viejos hay que ser más cuidadoso y conviene planificar el momento del descorche para asegurarse que la botella pueda consumirse en el día o como mucho a lo largo del día siguiente.

 

“Una vez abierta la botella”, señala Ángel, “hay que limitar la oxidación bajando la temperatura”. Es, pues, el momento de meter el vino a la nevera. Los tapones de vacío son bastante útiles para prologar la vida (a medida que queda menos vino en la botella, hay más espacio para el oxígeno y la evolución es más rápida). También se puede utilizar el tapón original de la botella, pero con la precaución de colocarlo en la misma posición en la que estaba. Si no encaja, conviene limpiar la parte que ha estado en contacto con el exterior. Las botellas se deben guardar de pie.

 

Los más caprichosos siempre pueden echar mano del Coravin, el sistema que permite disfrutar del vino sin extraer el corcho gracias al uso de una aguja poco invasiva y a la introducción de gas argón en la botella para evitar la oxidación.

 

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