¿Sabéis que tenemos 40 colmenas produciendo miel regularmente en Abadía Retuerta? Esta época del año es la de mayor actividad en la vida de las abejas. Como nos cuenta el apicultor Miguel Rodríguez, un ejército de recolectoras trabaja sin descanso para aprovechar el momento en el que hay más flores en el campo.

 

Pero antes de llegar a esto, se ha tenido que hacer un trabajo previo importante. Durante el mes de abril, el ritmo de puesta de huevos de la abeja reina se encuentra en su momento álgido. Es necesario que crezca la población de la colmena y, por tanto, el número de abejas recolectoras.

 

“En esta fase tenemos que ir dando espacio en las colmenas, primero para que la reina pueda poner más huevos y luego, para almacenar la miel. Mientras la colmena está en fase reproductora toda la energía se destina a criar, pero a partir de entonces empiezan ya a guardar la miel”, explica Miguel Rodríguez.

 

Otro fenómeno importante de estas fechas es la “enjambrazón”. Nace una nueva reina joven que se queda en la colmena y la reina vieja se va con la mitad de las obreras. “Para no perder tantas abejas trabajadoras tenemos dos opciones: dar más espacio a la colmena poniendo más alzas en la parte de arriba o aprovechar la situación para la multiplicación de colmenas”, señala Miguel quien hace un seguimiento exhaustivo de las colmenas durante la primavera.

 

Miguel Rodríguez es ingeniero de montes. Empezó en la apicultura por afición, animado por Gonzalo, un compañero de carrera que había hecho un curso en Palencia. Pero el hobby de fin de semana con seis colmenas y la idea de producir para consumo propio fue a más y en 2012 decidió dedicarse profesionalmente a la producción de miel artesana junto a su amigo Gonzalo. Así nació Miel Montes de Valvení. La empresa gestiona en la actualidad 400 colmenas distribuidas por distintos puntos de la comarca del Cerrato que se extiende entre las provincias de Valladolid y Palencia. 40 de ellas están en Abadía Retuerta.

 

La miel de los monjes

La iniciativa, además de animar la actividad polinizadora en la finca que repercute beneficiosamente en el viñedo, busca recuperar los productos que los monjes habían producido tradicionalmente en la finca de Retuerta.

 

Como pasa con el vino, las condiciones climáticas determinan las características de la miel que se vaya a obtener cada año, en este caso condicionada por las plantas que florecen en cada nueva ‘cosecha’. “Hace dos años hubo un golpe de calor que se cargó la floración del tomillo y ese año la miel tuvo más peso de salvia y espliego”, recuerda Miguel a modo de ejemplo. Por eso las mieles de Abadía Retuerta indican la añada en la etiqueta.

 

Pero más allá de estas variaciones de cosecha, hemos descubierto una continuidad importante en el sabor de las mieles de la finca. “Es fruto de una mezcla de plantas aromáticas que salen en esta época del año, pero también del carácter que aportan las encinas. Es una mezcla de miel de flores y de bosque”, explica Miguel. La diferencia es que si, en el caso de las flores, la miel procede del néctar que recolectan las abejas, en la de bosque utilizan además los mielatos que exudan las bellotas de encinas y robles.

 

Un producto natural

La miel se recolecta en septiembre, se deja reposar unos diez días para que decante (puede haber partes de cera mezcladas) y pierda la humedad, y ya está lista para su envasado. El proceso es totalmente natural. Para Miguel hay una gran diferencia con las mieles pasteurizadas que pierden gran parte de sus aromas y propiedades durante este proceso.

 

Al no pasteurizarse, las mieles artesanas como la de Retuerta suelen cristalizar con el frío. La solución tradicional de poner el tarro al baño maría para devolverle su forma líquida sigue siendo la mejor. Solo hay que vigilar la temperatura. “Mientras no se sobrepase los 35 grados no se alteran las propiedades de la miel”, señala Miguel.

 

Las colmenas de Abadía Retuerta pueden llegar a producir alrededor de 800 kilos de miel al año. Es la misma miel que utilizamos siempre en nuestros restaurantes, pero también se puede comprar en la tienda de la bodega y en nuestra página web. Para nosotros, es otra foto fija, más allá de la que ofrece el vino, de lo que ha ocurrido en la finca en un año concreto.

 

 

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