Manolo de la Rosa, 100% Abadía Retuerta

06/07/2017

Este post es un pequeño homenaje a uno de los trabajadores más veteranos de la bodega que se jubila en estos días y que puede contar como pocos la historia de nuestra finca del Duero; no en vano ha nacido, vivido y trabajado en ella. Toda una vida ligada a Abadía Retuerta.

Manolo nació el 20 de julio de 1952 en la propia abadía. Sus padres eran una de las familias que vivían dentro del monasterio. La finca, una de las explotaciones agrarias más importantes del Duero, estaba en manos de la empresa de semillas Prodes y funcionaba como una pequeña comunidad, con la mayoría de los trabajadores viviendo en ella, ya fuera en la propia abadía como la familia de Manolo o en algunos de sus edificios anexos.

La Abadía Retuerta de los cincuenta y sesenta

“Había almacenes, cocheras, gallineros, una pequeña tienda-bar e incluso una escuela”, recuerda de la Rosa. La escuela era a todas luces necesaria. Cuando Manolo entró en ella con cinco años, había unos 60 niños. Estudió allí hasta los 11 años y luego estuvo interno con los frailes de San Agustín; como no tenía ningún interés en ir para cura, al final estudió capataz técnico agrario, la formación más adecuada para seguir los pasos de sus padres y trabajar en Retuerta.

Abadía Retuerta era una pequeña comunidad con su tienda-bar para los trabajadores de la finca e incluso una escuela

“Todo era muy diferente entonces  –explica  de la Rosa–. La iglesia y el claustro se utilizaban como almacenes de grano; solo la sala capitular seguía teniendo la función de iglesia y venían a decir misa cada semana. El cura era el mismo que iba a Vega Sicilia”. De hecho, Vega Sicilia funcionaba de forma muy similar a Abadía Retuerta, con su propia comunidad de trabajadores viviendo en una extensa propiedad en la que el viñedo era solo uno de sus muchos cultivos. Durante los años en que Vega Sicilia fue también propiedad de Prodes, la vendimia de las 25 ó 30 hectáreas de viña que quedaban en Retuerta se enviaba directamente a la legendaria bodega de Valbuena de Duero.

La vida profesional

A comienzos de los setenta y con 22 años recién cumplidos, Manolo entró en el departamento de investigación de la compañía de semillas. Estuvo diez años trabajando con cereales y girasol, y once más en la sección de maíz, sorgo y remolacha. En esa época hizo una buena cantidad de kilómetros plantando campos de investigación de semillas por toda España.

Durante los años que Prodes fue propietaria de Retuerta y Vega Sicilia, las uvas de la abadía se mandaban a la legendaria bodega del Duero

La compra de Retuerta por el grupo farmacéutico suizo Sandoz (hoy Novartis) provoca un paréntesis de casi cinco años en su relación con la finca. Pero cuando se empieza a perfilar la recuperación de la vocación vitícola de la abadía, Manolo no pudo resistirse a hacer una vendimia en el que había sido su hogar durante tantos años. Tres años más tarde, en 1998, se incorporaba al proyecto de Abadía Retuerta, primero en el equipo de campo y posteriormente al frente de la tienda.

“La primera tienda estaba donde hoy se encuentran las cocinas, justo debajo de la casa donde había vivido con mis padres; su segunda ubicación fue la sacristía y la tercera donde está actualmente el restaurante La Vinoteca. En julio de 2012 nos trasladamos a la bodega”.

Cinco preguntas al más veterano de Abadía Retuerta:

P.- ¿Ha cambiado mucho en todo este tiempo el perfil de aficionado que visita la bodega?

R.- Siguen estando los clientes de siempre, pero desde que se ha hecho el hotel, llegan compradores con alto poder adquisitivo que se llevan los vinos que les gustan sin preocuparse por el precio.

P.- ¿Fue muy difícil dar el salto al vino?

R.- Lo cierto es que yo disfrutaba mucho con mi trabajo en Prodes; en cierto modo el desarrollo de nuevas variedades, de maíz por ejemplo, te hace sentir como que son hijos tuyos. El vino es otro mundo, con otras técnicas. Lo importante es el terroir ya que se necesita una uva de alta calidad y con personalidad para hacer un buen vino.

P.- ¿Cuál es tu vino favorito de Abadía Retuerta?

R.- El Selección Especial, sin duda. Es el buque insignia y es una auténtica maravilla. De los pagos, el que más me gusta es Valdebellón. Desde el primer sorbo que probé de la añada 1996 siempre he dicho que es como el “Aleluya” de Haendel.

P.- ¿Cuáles son tus mejores recuerdos de la finca?

R.- En los primeros años de andadura de Abadía Retuerta éramos como una gran familia, casi como cuando viví en la finca en mi infancia, que éramos una piña y celebrábamos todos juntos los cumpleaños. Ahora, lógicamente, la empresa ha crecido, está el hotel y hay más departamentos.

P.- ¿Qué planes tienes para tu jubilación?

R.- Pasear, ir a ver museos, visitar bodegas que no conozco, mi madre tiene 90 años y paso algunos días con ella… Me gusta estar activo. En octubre me quiero apuntar a la Universidad de mayores y estudiar historia o arte. Y también disfruto viendo la telenovela de la tarde “Amar es para siempre”. Tiene que haber un poco de todo, ¿no?