La continentalidad del clima del Duero nos regala habitualmente inviernos muy fríos que tienen una influencia directa en la viña. Os contamos los efectos beneficiosos de las bajas temperaturas y el ranking de los “bajo cero” en Abadía Retuerta.

Los rigores climáticos de la meseta norte castellana son un clásico en las conversaciones diarias durante el invierno y más aún en las de las personas que nos visitan. Sin ir más lejos, un dicho muy popular en Castilla y León señala que en Burgos solo hay dos estaciones: el invierno y la del tren.

En la vecina provincia de Valladolid donde se erige Abadía Retuerta LeDomaine, las heladas han sido una constante en las últimas semanas. Algunos días la escarcha se ha mantenido durante gran parte de la mañana debido a la formación de esas nieblas tercas y persistentes que nos envuelven con frecuencia en estas fechas.

viñedo en invierno Abadía Retuerta

El frío y el reposo de la viña

Desde que concluye la vendimia hasta que iniciamos las tareas de poda hacia el mes de febrero la viña se queda prácticamente sola. Dejamos que la naturaleza siga su curso; que las hojas caigan y las plantas entren en su periodo de descanso invernal. Es ahora cuando la savia desciende para dar paso a una especie de pequeña hibernación.

El frío tiene efectos muy beneficiosos para las vides. Los más importantes tienen que ver su acción antiséptica sobre los hongos o insectos que pueden provocar enfermedades en la planta. De hecho, hay una relación directa entre los inviernos particularmente fríos y la menor incidencia de oídio (una enfermedad endémica aquí y en una gran mayoría de regiones españolas) durante la fase vegetativa de la planta. Cuanto más bajas sean las temperaturas invernales, más sanidad encontraremos en las viñas en primavera.

Por otro lado, cuando se combinan un invierno frío y una primavera fresca la temperatura del suelo baja, lo que puede llevar a una brotación más tardía. Esto es algo que nos viene bien en la zona del Duero debido al gran riesgo de heladas en primavera (las de finales de abril de 2017 fueron tan devastadoras porque el ciclo de la planta iba algo adelantado). “A 60 cm de profundidad -nos contaba nuestro enólogo Ángel Anocíbar- la temperatura del suelo el año pasado en estas fechas era de 6,4º C y este año está dos grados por debajo”.

Análisis temperatura del suelo

Bajo cero, sí, pero ¿hasta dónde?

En nuestro histórico de temperaturas mínimas que se remonta a 1967, el registro más bajo con el que contamos es de -20º C y se produjo en el invierno de 1971. En ese año el termómetro también se paseó por los -16º C y -15º C, las temperaturas más bajas que hemos tenido en los últimos 50 años. Los -15º C también se alcanzaron en 1985.

En estos niveles empieza haber un riesgo serio para la supervivencia de la planta. Eso explica que en regiones vinícolas de clima muy extremo como Canadá lleguen a enterrar las cepas en invierno o prefieran plantar híbridos productores directos (cruces de vides silvestres y vinífera de mayor resistencia al frío). En Abadía Retuerta tampoco nos hemos librado de algunas malas experiencias: el frío se ha llevado por delante alguna viña joven más sensible a los factores externos.

Es significativo (ver gráfico a continuación) que, con excepción de la cosecha 2001 en la que el termómetro llegó a los -14º C, la década de los 2000 se ha caracterizado por unos inviernos menos extremos. Para Ángel Anocíbar, es un indicativo más del cambio climático.

Gráfico temperaturas

No obstante, quienes vengáis a visitarnos estos días, hacedlo bien abrigados. Aunque no lleguemos a -20ºC, las mañanas siguen siendo muy frescas.

Buceando en el pasado

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