Las primeras heladas fuertes han llevado el termómetro a -11ºC

24/01/2017

El año ha empezado con mucho frío en Abadía Retuerta. Es lo que cabe esperar en estas fechas en una zona de clima continental tan extremo como la nuestra en la que el invierno se puede hacer especialmente largo y las heladas acechan no solo en primavera, sino también a final de verano y principios de otoño cuando las uvas están acabando su proceso de maduración.

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El termómetro ha llegado estos días a 11 bajo cero y nos ha dejado imágenes tan espectaculares y sugerentes como éstas con las que acompañamos el post. En nuestra finca el frío y las heladas son más habituales que la nieve. En Abadía Retuerta podemos tener dos o tres días de nieve al año, lo que también nos permite beneficiarnos de sus efectos: limpia la madera casi como si de un elemento desinfectante se tratara,  sanea la planta y realiza un valioso aporte hídrico que va penetrando lentamente en el suelo.

El invierno es una especie de período de hibernación durante el cual se frena el flujo de savia en la planta

Las imágenes también reflejan el recogimiento que viven las vides en esta estación. Una especie de periodo de hibernación o adormecimiento durante el cual se frena el flujo de savia en la planta. Esto hace que sea el momento adecuado del año para realizar la poda.

Sobrevivir al frío

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Cuando se habla de las condiciones básicas para que crezca la vid lo primero que se piensa es la temperatura necesaria para que la uva pueda madurar. Pero también es importante que pueda sobrevivir al invierno. Los problemas en este sentido empiezan con temperaturas inferiores a 20 grados bajo cero. En Canadá, por ejemplo, en algunos viñedos de climatología extrema llegan a enterrar las cepas en otoño para volver a desenterrarlas cuando llega la primavera. O emplean costosos sistemas de aspas (o ventiladores) que pueden hacer subir la temperatura unos cinco grados.

Las torres anti helada son especialmente útiles en primavera y en final de maduración

En Abadía Retuerta instalamos nuestras propias torres anti-helada entre los años 1998 y 2004. Aquí no las necesitamos en invierno porque la temperatura no baja hasta el extremo de poner en peligro la supervivencia de la planta. Su uso fundamental tiene lugar en primavera cuando la planta acaba de brotar y una helada puede llegar a arruinar una cosecha o reducir drásticamente la producción de ese año. Las consecuencias son siempre devastadoras y la uva de un viñedo afectado por la helada suele perderse por completo. Pero también son importantes justo antes de vendimia. El clima extremo del Duero hace que podamos tener severas heladas en septiembre y principios de octubre cuando las uvas no han concluido el proceso de maduración como ocurrió en las cosechas 2007 y 2008.

En cierto modo, el clima es ese factor incontrolable con el que tenemos que jugar  en cada nueva cosecha y para el que, probablemente, nunca estamos preparados del todo.