Mientras el mundo hace frente a la amenaza sin precedentes que representa el coronavirus, la naturaleza sigue su curso. En nuestra finca del Duero, el tiempo más fresco de las últimas semanas ha replegado un tanto las viñas, pero no tanto como para impedir el nacimiento de las primeras tímidas yemas que celebran la llegada de la primavera.

Estos son los primeros atisbos de esperanza que trae la primavera a Abadía Retuerta. Han aparecido en nuestra parcela de gewürztraminer, una de las variedades de uva que se destinan al coupage del blanco LeDomaine y que cultivamos en ladera.

 

 

Aunque parezca contradictorio, su ubicación en una de las zonas más altas de la finca ayuda notablemente a que esto sea posible, ya que el descenso del aire frío hacia el valle permite que aquí se concentre una masa bien compacta de aire más caliente. Por eso llamamos a esta zona “el cinturón térmico”. Además, el suelo de greda que caracteriza esta parcela, una arcilla arenosa de color blanquecino que retiene muy bien la humedad, facilita una brotación algo más adelantada en comparación con el resto de sectores.

Cómo se está desarrollando el ciclo

La Ribera del Duero y sus zonas limítrofes, como es el caso de Abadía Retuerta, es una de las regiones vinícolas más frías de España y, quizás, una de las que notan con mayor lentitud los efectos del calentamiento global.

Este año está siendo un buen ejemplo en este sentido. Tras haber vivido el invierno más cálido del siglo con temperaturas mucho más altas de lo habitual en febrero y principios de marzo, la sucesión de varios días en los que no se ha superado la media de 10ºC ha ralentizado de manera considerable el ciclo de la planta.

Lejos de modificarse, esta situación se va a mantener aún durante varios días, tal y como muestra el gráfico de previsiones adjunto que también anuncia heladas con intensidades de -1 a -4ºC. Todo esto nos hace pensar que la brotación se producirá de forma generalizada en la segunda semana de mayo, lo que, con un poco de suerte, quizás nos permita librarnos del riesgo de heladas primaverales.

 

 

Otro elemento de optimismo este año es que las reservas de agua de la capa freática se encuentran en niveles muy altos, gracias a las lluvias del invierno y a los dos o tres chaparrones de unos 20 litros que han caído en los últimos días y que han ayudado a conservar la humedad en la parte superior del suelo. Esto podría dar lugar a una brotación generosa y a una cosecha relativamente abundante que permita compensar la escasez que sufrimos en la vendimia de 2019.

 

 

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