Aunque aún tardarán varios meses en llegar al mercado, esta semana estamos embotellando los tintos de la cosecha 2018 y también el blanco LeDomaine de la cosecha 2019. Bajo la atenta mirada del bodeguero Julio Sierra, cuatro personas trabajan para que este proceso se lleve a cabo a la perfección.

 

El ambiente silencioso que reina habitualmente en bodega queda roto con el tintineo de las botellas. Quizás lo que más sorprende a quien que visita por primera vez una línea de embotellado es lo ruidoso del proceso. No es extraño que los operarios se protejan los oídos con tapones o cascos.

 

El embotellado se realiza antes del verano para evitar las altas temperaturas. Aunque el proceso está totalmente automatizado, hay un equipo de cuatro personas trabajando. Un operario introduce las botellas, otro controla la máquina cada hora, un tercero coloca las botellas en los jaulones de almacenamiento y el cuarto se encarga de transportar las botellas con ayuda de un elevador de carga.

 

Ayudar a que los vinos envejezcan mejor

Lo que distingue a la actual línea de embotellado de Abadía Retuerta es el uso activo de nitrógeno que limita la presencia de oxígeno en la botella y asegura una mejor evolución de los vinos en el tiempo. Se hace un primer barrido de nitrógeno en la botella vacía y otro tras el llenado. Y la cuba que alimenta la línea del embotellado también se va llenando con atmósfera inerte.

 

 

La mejora respecto a la máquina anterior que realizaba una única aportación de nitrógeno es notable. “Hemos reducido la presencia de oxígeno en un miligramo por litro de vino”, explica el bodeguero Julio Sierra. Esta explicación que puede parecer algo técnica, en la práctica se traduce en que los vinos mantienen la intensidad del color y su carácter frutal durante más tiempo. Es algo que corroboran tanto las analíticas como la realización de catas periódicas comparativas.

 

No es casualidad que en los últimos años se esté apostando por aumentar su botellero histórico. Hoy ya se guarda entre el 5% y el 10% de la producción total de los vinos de pago y entre 9.000 y 10.000 botellas de cada nueva añada del Selección Especial.

 

A toda máquina

Para Julio Sierra, “donde más control hay que tener es cuando se hace el vacío antes de taponar la botella. La razón es que, en una situación de subida de temperatura, el líquido se expande y si el vacío no está bien hecho, puede empujar el tapón hacia afuera. Son las típicas pérdidas de vino que vemos en botellas que han estado expuestas al calor”.

El tapón también necesita recuperarse tras el proceso de embotellado. Lo habitual es dejar las botellas de pie durante un día o día y medio en los jaulones de almacenamiento para que el corcho se expanda. Después, se tumban para iniciar la crianza en botella, un proceso particularmente importante en el caso de tintos que permitirá el afinamiento y la integración de sus distintos componentes del vino.

 

 

Lo habitual es que los pagos se embotellen de una sola vez, mientras que el Selección Especial, por su mayor producción, se trabaja en distintos lotes. «Podemos embotellar 3.000 litros a la hora, que equivalen a 4.000 botellas de 75 cl. Si trabajamos con formato mágnum de litro y medio, el ritmo se reduce a 2.000 botellas a la hora”, explica Sierra. El etiquetado es un proceso posterior que se planifica en función de la previsión de ventas. También es habitual etiquetar bajo pedido, sobre todo en el caso de partidas destinadas a exportación que lleven contraetiquetas específicas adaptadas a la legislación del país de destino.

 

La identificación de los distintos lotes asegura la trazabilidad de todos los vinos de la bodega. El contenido, evidentemente es el mismo, pero cambian los corchos y el día de embotellado. Por eso se trabaja con muestras testigo de cada uno de los lotes a las que se hace seguimiento durante 10 años. A partir de entonces pasan a la “reserva histórica”.

 

Pero para llegar allí en perfecto estado de forma es importante una línea de embotellado con las máximas garantías. Por eso esta semana Julio tiene toda la atención puesta en la presión que muestran los manómetros y en que el vacío de las botellas se realice correctamente. Incluso cualquier alteración en ese tintineo monótono del vidrio es una llamada de atención de que algo no funciona como siempre.

 

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