Aunque poco conocidos en la actualidad, los premostratenses que fundaron la abadía de Retuerta fueron pioneros en propugnar el apostolado frente a los fines contemplativos de la mayoría de las órdenes religiosas de su tiempo y se erigieron en un importante centro de poder en Castilla y León. De ahí que intentaran contener los designios reformistas de Felipe II.

 

 Con la llegada de los monjes a orillas del Duero en 1146, Abadía Retuerta se convierte en la primera fundación de la orden premostratense en España y en el origen de otras fundaciones posteriores en Palencia, Salamanca y Soria. De hecho, se erige en circaria o cabeza del resto de abadías y monasterios de la orden en Castilla y León.

 

Según la recopilación de datos históricos realizada por Patricia Andrés González, profesora titular de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid, Retuerta gozó desde el principio de las donaciones de familias nobles castellanas y contó con el amparo y el beneplácito de distintos monarcas que ratificaron sus posesiones y privilegios. La aportación de 5.000 maravedíes a la campaña militar de Sancho IV, una de las más grandes realizadas con este fin, la sitúan a finales del siglo XIII como la abadía más poderosa de Castilla.

 

La reforma religiosa de Felipe II

Sin embargo, sus días de gloria se fueron apagando lentamente y Retuerta fue perdiendo peso frente a otros centros religiosos. Según Andrés González, el deterioro de las normas y la vida comunal con prácticas cuestionables como la de los abades perpetuos que se aferraban a su silla del poder también jugaron en su contra.

 

El contexto general será cada vez menos favorable. Si desde el siglo XV se debate en España la reforma de las órdenes religiosas, Felipe II convierte la tarea en una de las piedras angulares de su reinado. Aunque ya el 17 de septiembre de 1565 ordena la reforma de la orden de los premostratenses, tiene que hacer frente a las reticencias del Papa Pío IV. Con su sucesor, Pío V, sin embargo, logra acelerar el proceso ya que en 1566 el nuevo Papa aprueba extinguir el conventualismo.

 

En el caso de los premostratenses, estaba en juego la propia supervivencia de la orden ya que lo que la reforma proponía era la integración de todas las abadías y de sus religiosos en la orden de San Jerónimo. Gracias a la crónica que dejó escrita fray Diego de Vergara existen numerosos detalles de este oscuro periodo en la historia de la abadía.

 

Frailes idiotas sin letras ni doctrina

Entre los argumentos para la supresión de la orden que aporta la corte de Felipe II figuraba la existencia de apenas 18 abadías en el reino “y en todas ellos tan pocos frailes, que en los más no pasan de cuatro, cinco, seis o ocho, y que éstos son todos idiotas, sin letras ni doctrina, y no hay en ellos predicador ni aun púlpitos en algunas de sus casas. Y allende de ser idiotas, son en las costumbres muy distraídos y de muy mal ejemplo, pues ni guardan clausura ni tienen modo ni forma de orden ni observancia alguna”.

 

El relato de fray Diego de Vergara cuenta la llegada de los monjes jerónimos a las abadías en la Navidad de 1568 pidiendo, “de mejores o peores formas”, la obediencia a las órdenes del rey. La mayor resistencia se produjo en Retuerta, donde los jerónimos despreciaban con ademanes y actos ofensivos e indecentes a los monjes premostratenses. Era habitual que los encerraran en la librería o en celdas individuales dejándoles totalmente incomunicados. Sobrevivieron con alguna ayuda, como la de un sirviente que les pasaba información y alimentos a escondidas. Por lo visto, no les faltaron gallinas, piernas de carnero, perniles de tocino, caza, gansos; buñuelos en la época correspondiente, y en cuaresma, escabeches, quesos, almendrones, bizcochos… Incluso 115 vecinos de Quintanilla acudieron, en un día de fiesta, a labrar la viña del monasterio.

 

Finalmente, su firme actitud de oposición junto con el apoyo del Papa hizo posible la pervivencia de la orden, pero con la condición, eso sí, de reformarse.

 

La dolce vita de la época

Por otro lado, la “relajación” de la que habla Patricia Andrés González en su trabajo documental, no lo sería tal vista con ojos actuales. Las actas que se han conservado de algunas visitas de inspección condenan, por ejemplo, los hábitos de dos religiosos que salían a cazar. También se cuestiona que tuvieran mujeres “viejas” que vivían en la casa, pero fuera del claustro, para guisar y lavar, o que en fiestas puntuales como Navidad los monjes jugaran y apostaran a las cartas por la noche con dinero prestado por el abad.

 

El otro objetivo buscado por la reforma de Felipe II, segregar a los monjes de la autoridad de la orden cuando sus casas madres estuvieran radicadas en otros países, se concretó en la creación de la Congregación Premostratense Hispánica, en 1601. La vida de las comunidades continuó durante los XVII y XVIII, hasta la exclaustración aprobada en el XIX que llevó al abandono de las abadías. Pero ésa es otra historia.

 

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