Desde su nacimiento en los Picos de Urbión hasta su desembocadura en Oporto, el Duero ha modelado el paisaje de más de una docena de regiones vinícolas en España y Portugal, y de forma muy particular nuestra propia finca de Abadía Retuerta.

Basta con pensar que el río está en el origen mismo del nombre de Abadía Retuerta gracias a esa “rívola torta” u orilla tortuosa junto a la que se asentaron los monjes premostratenses a finales del siglo XII. Erigieron la abadía muy cerca de sus aguas, en la margen izquierda del río, desde donde se extienden las aproximadamente 700 hectáreas de terreno que integran la propiedad, de las cuales algo más de 200 están en la actualidad ocupadas por viña.

Río Duero

Abadía Retuerta sería, en cierto modo, una de las numerosas historias o etapas de vino que jalonan el curso del río. No en vano, algo más de cuatro kilómetros de sus aguas discurren por nuestras tierras.  En este post ampliamos el foco para ver el valle del Duero en toda su dimensión.

900 kilómetros y más de una docena de regiones vinícolas

Aunque el Tajo y el Ebro aventajan al Duero en longitud, la cuenca hidrográfica de este último es la más grande de la Península Ibérica y ocupa gran parte de su cuadrante noroccidental. El Duero nace a más de 2.000 metros de altitud en la falda sur de los Picos de Urbión y discurre durante casi 900 kilómetros hasta su desembocadura en Oporto. La mayor parte de su curso se sitúa en territorio español, donde recoge aguas de los Sistemas Cantábrico, Ibérico y Central. Durante los 112 kilómetros en los que traza la frontera entre España y Portugal, se produce una brusca caída de la altitud.

Sus aguas o las de sus afluentes han configurado el paisaje de numerosas regiones vinícolas de Castilla y León: Arlanza, Ribera del Duero, Valtiendas, Cigales, Rueda, Toro, Tierra de León, Valles de Benavente, Arribes. En Portugal ha modelado el maravilloso paisaje del Douro y dejado su señal en los vinos de Tras-os-Montes y la region de Vinho Verde.

Aunque no fue navegable en España, los portugueses sí que le sacaron partido como vía de transporte: mandaban sus barricas de oporto río abajo en sus embarcaciones tradicionales, los rabelos, para que envejecieran en las naves de crianza de Vilanova de Gaia, frente a Oporto.

Sabor a tempranillo

El valle del Duero es en realidad una gran cuenca sedimentaria en la que se han ido depositando distintos materiales para dar lugar a una geología compleja y variada que explica la gran diversidad de suelos que se refleja incluso a escala más pequeña en nuestra finca de Abadía Retuerta.

Es especialmente significativo que gran parte de su curso esté dominado por la tempranillo, la variedad más cultivada no solo en nuestra finca sino en las denominaciones o regiones de Arlanza, Ribera del Duero, Valtiendas, Cigales, Toro y Tierra de Zamora. La tempranillo conforma una gran mancha roja apenas interrumpida por los cepas blancas de verdejo de Rueda.

canal río Duero

Una pincelada de historia

Aunque el cultivo de la vid en un gran número de regiones españolas está asociado a los romanos, los actuales viñedos del Duero son herederos de la reconquista frente a los musulmanes y la repoblación de territorios en una zona abandonada o arrasada tanto por las batallas como por las tácticas de tierra quemada.

La repoblación del valle del Duero se realizó por dos vías fundamentales: el sistema de presura que permitía a quienes roturaran y desbrozaran terrenos que se quedaran con ellos; y gracias a la concesión de grandes propiedades por parte del rey a hombres ricos que luego instalarían colonos o grandes establecimientos religiosos. En el caso de Abadía Retuerta, su fundación se debe a Doña Mayor, hija del conde Don Pedro Ansúrez, al que se le considera tradicionalmente fundador de la ciudad de Valladolid, y quien el 1 de abril de 1146 realizó la donación del lugar llamado Fuentes Claras o Retuerta. Doña Mayor se desposó en primeras nupcias con Álvar Fáñez Minaya, uno de los principales capitanes del rey Alfonso VI de León y coetáneo del Cid Campeador con quien habría combatido en numerosas batallas y que aparece además repetidamente citado a su lado en el Cantar del Mio Cid.

Si los ríos hablaran…

 

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