El 1 de julio, nuestra propuesta más informal de restauración estrena dos nuevos platos y se llena de verduras frescas del huerto de los monjes. Pero la experiencia será más redonda si cabe al disfrutar de todo ello en el jardín del claustro. El verdadero lujo en Abadía Retuerta son los espacios.

El chef Marc Segarra y su equipo tienen ya casi todo a punto para recibir a clientes y huéspedes en este restaurante que funciona sin descanso los siete días de la semana desde las once de la mañana a las once de la noche. “Es un non-stop, un restaurante informal en el que queremos que haya un poco de todo dentro de una carta con variedad y calidad”, señala Segarra.

 

 

“Buscamos”, continúa el joven chef, “que los entrantes sean frescos y divertidos, con raciones generosas que puedan compartir dos personas al centro. Por supuesto, seguimos el hilo de los productos de proximidad y en verano tendremos mucho producto del huerto, en especial tomates, calabacín, berenjenas. No hay que perderse el salteado de verduras o el tatín de berenjena. Y, muy probablemente, iremos añadiendo algún ajoblanco o una sopa de tomate”.

 

 

Cochinillo y helado de crema de romero

Pero lo que hay que probar, sí o sí, son los dos nuevos platos que se añaden a la carta. Tienen en común que aportan un punto de sofisticación frente a la línea de cocina habitual de Vinoteca, un guiño cómplice a nuestro restaurante con estrella Michelin Refectorio.

 

Se ve especialmente en la preparación muy cuidada del cochinillo y de la que Marc Segarra nos desvela algunos secretos. “Trabajamos con cochinillos de Soria a los que damos una cocción especial. Después de limpiarlos bien y quemar un poco la parte exterior para eliminar posibles pelillos, los partimos en dos y salamos por el lado de la piel para que vayan perdiendo humedad y quede luego una textura más crujiente. A continuación, pinchamos con agujas muy pequeñas para que la grasa vaya filtrándose durante la cocción previa que hacemos al vacío. La idea es que quede un poco más desgrasado de lo normal. Por último, se termina de asar en horno de leña para que coja todo su sabor característico y la textura crujiente que es su principal seña de identidad”.

 

El helado de crema de romero, por otro lado, es quizás el plato que mejor resume lo que es la finca, ya que utiliza casi todos los productos que se producen en ella más allá del vino. Está el romero, por supuesto, que crece de forma natural en la zona, los piñones de nuestros pinos y la miel que elaboramos con las 40 colmenas que tenemos ya en Abadía Retuerta. “Es un postre del entorno, muy rico y fácil de tomar en el que jugamos con distintas texturas: la cremosidad del helado, la galleta rota o los piñones garrapiñados”, señala Segarra.

 

Probablemente, la mejor experiencia posible para disfrutar de la variada oferta y los dos nuevos platos del restaurante es hacerlo durante la cena en el jardín del claustro. No solo por el sosiego y la tranquilidad natural que inspira el lugar, sino también porque regala las temperaturas más agradables del verano.

 

 

Medidas de seguridad y menús para grupos

Para la tranquilidad de nuestros huéspedes y clientes, garantizamos la distancia de separación de dos metros entre meses y hemos establecido un aforo máximo en el interior del restaurante de 16 personas para un espacio de 80 metros cuadrados. En el jardín del claustro las distancias pueden ser incluso mayores gracias separación natural que permiten los setos.

 

 

Además de la carta que puede consultarse aquí, Vinoteca sigue ofreciendo dos menús para grupos de ocho o más personas: el menú Garduña y el menú Negralada, ambos muy bien acompañados del Abadía Retuerta Selección Especial. Para que la experiencia sea lo más agradable posible, se han de reservar con 15 días de antelación indicando posibles intolerancias y alergias.

 

 

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