En marzo daremos por concluido el proyecto de recopilación histórica que durante 18 meses habrá tenido a la historiadora Patricia Andrés rebuscando en distintos archivos y fuentes documentales con el objetivo de reconstruir el pasado de Abadía Retuerta.

El trabajo se parece mucho al montaje de un puzzle a partir de pequeñas piezas diseminadas por distintos lugares, con la diferencia de que el cuadro final quedará inevitablemente inacabado porque no toda la información ha trascendido en legados y documentos.

Las fuentes de consulta son tan variadas como el archivo de la Chancillería de Valladolid, la bibliografía sobre órdenes monásticas en España, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Academia de la Historia, el Servicio de Patrimonio de la Junta de Castilla y Léon o el Catastro del Marqués de la Ensenada.

Interesa particularmente crear vínculos entre el pasado y el presente de la finca. En este sentido estamos investigando, por un lado, los hábitos de vida, el reparto de tareas y la organización jerárquica de los monjes premostratenses que habitaron la abadía y, por otro, los usos de la finca y sus cultivos, con particular atención a la viña.

 

A modo de lectura navideña hemos querido avanzar algunas de las referencias más interesantes encontradas por Patricia Andrés que nos permiten dar mayor relieve y profundidad a nuestro día a día en el hotel y la bodega.

El cillero, un antepasado del bodeguero

El reparto de tareas en el monasterio era muy específico. Más allá de la organización y gestión realizada por el abad y el prior, había bibliotecario, sacristán, maestro de novicios, “provisor de las cosas de afuera”, vestiario (se encargaba del vestido), servidor de los enfermos, hospedero, lector de mesa (leía en el refectorio durante las comidas), portero y cillero.

“El cillero (cellarius) -según se recoge en una tesis doctoral sobre el monasterio de la Vid- se encargaba del abastecimiento mediante su aprovisionamiento. Preparaba el pan, vino y sidra que se servían en el refectorio. Estaba encargado de la supervisión de panaderos, pescadores, hortelanos y cocineros. Recibía las pitanzas, ofrecidas tras la autorización del abad. Por sus tareas estaba eximido de cumplir ciertas normas como abandonar el dormitorio, salir del refectorio y guardar silencio”.

El cultivo de la vid

Está claro que la viña está presente en la vida del monasterio desde antiguo. De hecho, existe en la Biblioteca Nacional un libro que corrobora dos donaciones de viñas realizadas en 1148 y 1151.

En fecha bastante posterior, en las respuestas del Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752, se señala que “las tierras son de secano; tienen sembrado trigo y centeno (que se recoge cada tres años); cuentan con un monte de encina” (que se usa para carbón) y dentro de la clausura cita una huerta y una viña “que sirve para uso de la comunidad”.

Por otro lado, el Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal publicado en 1827 por Sebastián de Minayo y Bedolla, recoge la producción de “vino, trigo, centeno, cebada, avena, frutas, legumbres y gansos” en la finca de Retuerta.

Pecar con vino

Uno de los documentos más interesantes que ha manejado Andrés es la transcripción de un texto consultado en el archivo de Retuerta que se recoge en la Expossicion de la Regla de N. P. S. Augustín: questiones politicas, morales, regulares: segunda parte y en el que se citan algunas de las prohibiciones emitidas en 1573 por el papa Gregorio XIII a todas las órdenes religiosas.

Es llamativo que se considere “pecado mortal comprar uvas para hacer vino y luego venderlo”, aunque luego sí se permitía vender el vino sobrante sin importar que fuera de elaboración propia o comprado a terceros. Esto pone de manifiesto la importancia que jugaba el vino en la dieta de los monjes.

Las cosas han cambiado bastante y ahora nos encanta recibir visitas en la abadía para que disfruten de los productos de la finca en nuestros restaurantes o los adquieran en la tienda. En breve también les podremos contar gran parte de este trasfondo histórico lleno de curiosas y variadas anécdotas.

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