“Clima extremo, terroir complejo”

El río Duero es cuna de algunas de las mejores bodegas del mundo.
A lo largo de cuatro kilómetros de su cauce, se extienden los dominios de Abadía Retuerta.

En el Valle del Duero, donde los inviernos son fríos y los veranos ardientes, se producen grandes variaciones de temperatura entre el día y la noche, abunda el sol y escasea la lluvia. Unas condiciones que resultan excelentes para el cultivo de la vid. La cuenca del río, donde crecen nuestras vides, es producto de miles de años de erosión, aluviones, sedimentaciones y cambios en la composición del suelo. Esto ha dado origen a un terroir de gran diversidad donde varía la textura, la proporción de minerales y el agua que absorbe o retiene cada parcela de la finca.